Hace unos días
tuve la suerte de visitar una granja de cerdas madres en el corazón de los
Monegros. Conforme iba recibiendo las explicaciones de los experimentados
veterinarios responsables de la explotación me iba imaginando una partitura
musical, donde cada animal sería una como una nota (estamos hablando de más de
2.000 cerdas), nota escrita sobre un pentagrama de acero (las barras de la jaula) en un lenguaje específico de símbolos y colores,
donde un papel doblado colocado en un determinado lugar tiene un significado
diferente al mismo papel sin doblar, donde una determinada letra de un color
determinado en una parte concreta del lomo del animal tiene un significado tan
solo interpretable por los “músicos” de la granja.
Cada nota (cada cerda) escrita sobre el pentagrama (barras de la jaula) varía su ritmo, cadencia y ánimo conforme pasa por las diferentes etapas de la composición musical (el ciclo biológico):
Cada nota (cada cerda) escrita sobre el pentagrama (barras de la jaula) varía su ritmo, cadencia y ánimo conforme pasa por las diferentes etapas de la composición musical (el ciclo biológico):
- Cuarentena:
a la espera de ser admitidas.
- Excitación:
momento de climax donde la exaltación llega a su punto culminante con el paseo triunfal
del macho frenético por delante de las hembras en celo
- Cubrición:
delicada operación donde se muestra una cadencia lenta y paciente, pero que
produce el milagro de la vida
- Gestación:
con todos los cuidados que se requieren.
- Maternidad:
donde la ternura y la lucha por la supervivencia alcanza su máxima expresión.
- Destete:
se cierra el ciclo de la vida, los lechones se independizan de la madre.
Pero el ritmo
musical lo marcan los números de la explotación: días de cubrición, días de
gestación, número de partos, lechones nacidos vivos, etc, etc. En una granja se
siente la armonía de los números, todo debe permanecer dentro de un orden
pitagórico, pero los números y la estadística funciona siempre y cuando el
hombre controle todos los fenómenos externos, los músicos de la sinfonía no
pueden fallar, si eso ocurre la secuencia musical se rompe y el ritmo se convierte
en “ruido” insoportable.
Además del
argumento principal en la sinfonía encontramos, al menos, otros dos secundarios
que interactúan con el principal armónicamente:
- La
alimentación, diferente en cada etapa de la vida y época del año, optimizadora
del ciclo vital.
- El
rito de la extracción del semen a los machos, fuente nómada de vida.
De esta forma nos
encontramos que aunque las sensaciones de una granja sean radicalmente
diferentes a las sensaciones de la música, las partituras de una y otra son
equivalentes, cada una con su lenguaje.
¡Quién puede
quejarse de tener una granja porcina cerca de su municipio!, sería como
quejarse de vivir al lado de Mozart.