Si queremos que la productividad disminuya sin que nadie
entienda las causas, a pesar de nuestros esfuerzos económicos para que eso no
ocurra, no hay más que aplicar los métodos siguientes, al menos uno cualquiera de
ellos:
Método 1. Abona a los empleados una retribución variable que consideren escasa e injusta en correspondencia a su esfuerzo y méritos. Los empleados se sentirán infravalorados y decepcionados, no manifestarán nada, cogerán el dinero que sea y se callaran, pero la moral se les ha quedado tocada. Antídoto: si quieres compensar algún esfuerzo o mérito, ya sea individual o colectivo, hazlo de forma que se perciba como justo o no lo hagas.
Método 2. A la hora de abonar una cantidad variable por reparto de beneficios o por cualquier otro motivo, reparte de forma desequilibrada, de forma que algunos empleados sientan que otros se están aprovechando de su esfuerzo y mérito. Si un empleado siente que otro, independiente del cargo que tenga, recibe una cantidad desmesurada con respecto a la suya y no se corresponde a su percepción de esfuerzo y mérito, se frustrará laboralmente y decaerá su productividad. Antídoto: dado que el sueldo marca las diferencias del puesto, reparte los benéficios a los empleados que se lo hayan merecido por igual, en caso contrario ahorrátelo.