Con esta simple respuesta a la gallega, es decir preguntando, lanzamos al empleado un mensaje claro de que esperamos de él más autonomía, más compromiso, más responsabilidad.
Todas personas,
independientemente del puesto que ocupemos en nuestra empresa solucionamos
multitud de problemas domésticos todos los días, en el colegio, en la vivienda,
en el supermercado, con la pareja, con la familia, con amigos, etc. Por qué
entonces tenemos que preguntar en el trabajo a nuestro responsable directo qué
hacer, a la primera contrariedad.
Conseguir que el
“empleado-niño” se convierta en “empleado-adulto” es tan fácil como aplicar el
siguiente método de tres fases:
1.- Evalúa las
competencias críticas que ha de poseer un empleado para desempeñar una
responsabilidad con eficacia.
2.- Establece y aplica
un plan de entrenamiento, más que de formación, hasta que el empleado domine la
tarea con soltura.
3.- Evalúa con
frecuencia decreciente el desempeño del empleado en la nueva responsabilidad
