Aunque un coach no tiene porque ser un líder, un buen líder tiene ser un coach.
El liderazgo coach es un proceso donde se combina el desarrollo organizacional con el crecimiento profesional y personal de los colaboradores. No sólo su formación y entrenamiento técnico sino su motivación, involucración con la compañía y su potencial hasta lograr lo mejor de cada uno.
A los colaboradores es
imposible engañarlos, como no sientan que verdaderamente el líder se preocupa
por su desarrollo profesional y personal no se involucraran lo suficiente para
apoyar de forma competitiva el desarrollo organizacional. Existe un pacto
tácito, innombrable e inconfesable: “yo te apoyo solo si tú me
apoyas”.
Sin que pueda explicarse de
forma totalmente racional, el colaborador percibe al líder que se preocupa
solamente de los objetivos organizacionales sin importarles el crecimiento de
sus colaboradores, por mucho que se esfuerce en aparentar que si que les
importa. Solamente cuando se siente de verdad, cuando se cree que la fórmula de
intereses convergentes funciona, surge la magia y el personal empieza a crecer
con el fin puesto en el desarrollo organizacional.
En mi opinión, el punto de arranque para conseguir que el personal se involucre en el desarrollo organizacional está en el líder máximo y en la transmisión de esa actitud al resto de líderes.
