Tiene aplicación mundial y actualmente está siendo revisada y traducida para implantarla como UNE en nuestro país.
Esta norma tiene como Misión la de servir de guía de buenas prácticas en la evaluación de personas, alineando la toma de decisiones de selección y contratación, así como fortaleciendo el desarrollo del potencial de los empleados en las organizaciones.
Refiere la norma, que las evaluaciones deben realizarse al menos anualmente, y que deben comenzar con un sistema de comunicación eficaz a todos aquellos que estarán inmersos en el proceso de evaluación; que se retroalimente a los evaluados con las conclusiones observadas, es decir, debe informarse de cuáles son los pasos a seguir para mejorar.
Hay que partir de varias premisas antes de embarcarse en este proyecto:
1. No se evalúan los conocimientos ni las personalidades, sino los comportamientos específicos.
2. El respeto hacia el entrevistado es clave en el proceso.
3. El entrevistador requiere de unos conocimientos y competencias mínimos, en conducta humana y en entrevistas personales.
4. Se debe orientar hacia el futuro, propiciando planes de desarrollo individuales.
5. Se debe garantizar la confidencialidad de los resultados de las evaluaciones.
6. Hay que lograr el consenso entre evaluador y evaluado.
Si bien el psicólogo del trabajo puede contribuir en toda la metodología de evaluación, es en el apartado conocimientos y competencias de los evaluadores donde los psicólogos del trabajo más valor podemos aportar.